lunes, 16 de marzo de 2009

EL PESCADOR DE HOMBRES



El hombre se despertó de madrugada en esa ciudad que no era la suya, a la que había ido tantas veces.

No podía dormir. Pensó, ¿dónde estoy? con esa extraña sensación del que viaja demasiado y termina perdiendo sentido de tiempo y lugar.

Ah, se dijo a si mismo algo confundido, aquí estoy, en esta ciudad tan bendecida por la Mano de Dios. Pero no puedo dormir.

El Rosario sobre la mesita de luz del hotel llamó su atención. Es bueno rezar a estas horas, el Señor siempre lo necesita porque es el horario en que más cosas feas pasan y los buenos están durmiendo, así que es importarte llenar este espacio oscuro con oraciones ofrecidas simplemente por las intenciones del Señor, que El las use a Su mejor conveniencia.El pensamiento atravesó su mente, “de paso ayudo a bendecir un poco esta ciudad”.

El rechazo a la idea fue inmediato, ¿qué clase de bendiciones puedo pedir yo al Señor, si es que soy literalmente “un pecado” que camina? El Señor le respondió, muy breve y conciso: “eres un pescado”.

Nuestro amigo se quedó sorprendido, estupefacto. Pero Señor, yo dije que soy un “pecado que camina”, ¿y cómo es que Tú me dices que soy un pescado? El Señor le volvió a responder, tan breve y con el mismo tono de la vez anterior: “yo te pesqué”. El señor de nuestra historia rió, y el Señor de la Historia rió también. Rieron juntos.

Si, soy tu pescado, le dijo, y Tú, nadie menos que Tú, eres mi Pescador.

Nuestro amigo se quedó absorto en sus pensamientos, alegre de saber que él mismo era la presa de Jesús. Y entonces recordó el signo, aquel signo que precedió a la Cruz, y que fue la forma en que se reconoció al pueblo cristiano y a Cristo mismo durante los primeros siglos de la Iglesia: el Pez. Aquel signo representaba lo que él era, no un pez, sino un pescado. Y se sintió parte de esa Iglesia primitiva, se sintió en una catacumba viendo ese signo pintado una y otra vez en las paredes alumbradas por la tenue luz de las lámparas de aceite.

Y luego recordó cómo había sido pescado por Jesús. Se imaginó al Señor pensando cual era la mejor estrategia para atrapar a Su presa, para que ese pez que andaba suelto por las peligrosas aguas del mar del mundo, mordiera su anzuelo y fuera recogido a su barca, la misma barca que San Juan Bosco viera en sus sueños, la gran Barca de la Iglesia. Jesús pensó: tengo que usar el mejor señuelo, el que tenga el color y el sabor adecuados, el que mejor llame la atención de Mi presa.

El estudió al hombre, miró sus costumbres, sus gustos, sus hábitos, y trazó Su plan.El buen pescador sabe muy bien que debe tener absolutamente todo en cuenta antes de abordar su desafío: el horario del día, la transparencia y temperatura del agua, la profundidad a la que hay que buscar a la presa, y en función de ello elige su señuelo.

Los que son realmente buenos pescadores diseñan y construyen ellos mismos sus señuelos, utilizando materiales que encuentran aquí y allá. Ellos miran y sopesan una y otra vez de qué modo serán capaces de atraer la atención del pez buscado, y luego se lanzan a su misión con perseverancia, hasta hacer morder el anzuelo a su presa.

¡Entonces la alegría vale doble!Jesús sabía muy bien lo que Su presa necesitaba, la había observado durante demasiados años nadar lejos de El.

De tal modo que esta vez eligió utilizar el mejor señuelo del que disponía, uno literalmente irresistible. El lo llama de diversos modos, como Señuelo Santo, o Estrella de la Mañana, o también Rosa Mística, aunque lo más habitual es que lo llame simplemente Mamá.

Con gran expectativa nuestro Pescador de hombres lanzó a las aguas del mundo a Su Gran Señuelo, y atrapó a Su presa esta vez.

El pequeño hombre mordió el anzuelo con ganas, y aunque luego se resistió como todo buen pez que no quiere volverse pescado, no lo soltó nunca más.

Y así fue como se transformó en un orgulloso pescado, presa del Pescador de hombres, atrapado por no poder resistir el llamado del Señuelo Santo, de la Madrecita del mismo Dios.

Nuestro amigo vio todo esto con tanta claridad que no pudo más que sonreír, abrazarse a la Cruz del Rosario, y sentirse feliz de comprender la profundidad de aquel signo que nos representa, el Pez, Ictis, símbolo de Jesucristo, Pescador de hombres.

Así lo conocieron, así se presentó al mundo El desde la barca de Pedro, la misma Barca que dos mil años después sigue transportándolo por los mares del mundo, mientras El sigue pescando a hombres y mujeres de buena voluntad.
Editado por: Edelweiss

viernes, 13 de marzo de 2009

EL VALOR DEL SILENCIO


¡Cuánto nos cuesta la reflexión! Se nos impone vivir desde afuera, se nos dice en que tenemos que divertirnos, trabajar, ... nuestra vida está llena de ruido. El cine, la radio, la televisión, el deporte, las fiestas ... nos hacen vivir contra reloj en una absurda precipitación que nos destruye. En medio de todo, no tenemos tiempo para reflexionar. Y nuestra vida va a la deriva.
Esta noche es un alto en el camino. Detenganse un momento esta noche, sólo esta noche. ¿Donde va tu vida? Lo que pienses esta noche, y mañana, puede cambiar el resto de tu vida. Las ideas que Dios ponga en tu mente esta noche te pueden hacer ir por la vida con los ojos bien abiertos y con un camino recto a seguir.
Por eso es muy importante detenerse, reflexionar. Lo que sean tus ideas será tu vida. Y las ideas se forman cuando piensas. Esta noche pregúúntate: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué cambio tanto? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué quiero hacer con mi vida?
Silencio. Momentos en que te vuelves sobre ti mismo para examinar tus ideas y afirmarte máás en los verdaderos y auténticos criterios. Lleno de ruidos y de actividad, no piensas. ¡Párate un momento esta noche, al menos esta noche y enfrentate con tu yo sinceramente!
Nos da miedo el silencio. Nos disgusta porque nos duele algo dentro. ¿Sabes que nos duele? Nos duele que vamos por la vida sin sentido. Nos encontramos tan vacios, tan cobardes, que necesitamos hacer ruido como el niño que canta cuando está en la oscuridad.
No tengas miedo esta noche y haz silencio. ¡Verás cuanto bien va a hacer a toda tu vida! ¡Verás como vas a escuchar lo que Dios te dice en tu interior! ¡Verás como se enciende una luz en tu interior que te iluminaráá para siempre! ¡¡Cómo fecunda el silencio!
Esta noche, en el silencio de tu habitación encontrarás paz para tus reflexiones. Allí está Dios que te hablarááal corazón y te dirá: Escucha y pon tu corazón atento al vuelo de tu espíritu. No es preciso huir del mundo y fingir que todo a tu alrededor ha desaparecido. Contemplar es percibir el reflejo de Dios en todo. En todas las cosas hay una huella caliente de Dios. Empieza a descubrir esta noche esa huella de Dios en tu vida.
Haz la prueba, y verás cómo sales renovado de ese silencio. No será perder el tiempo esas horas en que te encuentras contigo mismo. Vas a almacenar energía para enfrentarte con las tempestades de la vida. Acude a Dios en busca de ayuda. Pregunta al cielo esta noche cual es su mensaje.
A Dios se le oye mejor en el silencio y ... ¡Si supieras que inmenso deseo tiene Dios de hablarte! Detrás del silencio te espera Dios. Le sentirás presente cuando olvidado de la hipocresia de este mundo, desnudo de la careta y del fingimiento, te abras y llames a las cosas por su nombre.
Pero todo detrás del silencio. Grandes hombres encontraron en el silencio los resortes más poderosos de su actividad. El desierto fue siempre fecundo. Busca tú un desierto en tu existencia; un lugar solitario donde puedas hacerte dueño de tu vida, donde puedas cada día, como un hombre puede hacerlo, examinar tu conciencia.
La máxima hipocresía es la del joven que se engaña a sí mismo. ¿De qué te sirve ocultarte tu dolencia? ¿Para qué intentas callar tu conciencia con exterioridades? Es inutil. Tu problema se hace máás grande a cada instante. Enfrentate noblemente contigo mismo en la soledad de tu yo.
¡Qué poco es el tiempo que dedicamos a escucharnos a nosotros mismos! Escuchamos música por horas, platicamos todo el día con unos y otros, ... ¡Y no podemos dedicar y rato a escucharnos a nosotros mismos! ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Porque somos como somos? ¿Que es lo que queremos hacer con nuestra vida? ¿Hacia donde nos dirigimos?
Esta noche vamos ha hacer todos juntos una noche de silencio. Vamos a respetar el silencio de los demás. Vamos todos a escuchar el silencio.
Edita: Edelweiss

jueves, 12 de marzo de 2009

Jesús Sacramentado, enséñanos a ser humildes


Presente en esa Hostia donde los ojos del que "se hizo hombre y habitó entre nosotros" nos miran con su infinito amor.

En el Evangelio según San Juan l3, 1-15, se nos narra cuando Jesús lava los pies a los discípulos.

Con este pasaje del Evangelio de San Juan quedamos introducidos en la parte central de los acontecimientos más relevantes de nuestra fe. Ya estamos de lleno en ellos: LA ÚLTIMA CENA.

Jesús quiere despedirse de sus seguidores, de sus compañeros, de sus amigos.

Otra vez su gran humildad. Su gesto fino y lleno de ternura. Va lavándole los pies a aquellos hombres que lo habían visto ordenar a los vientos y a las olas la quietud en la tormenta, que le habían visto dar luz a los ojos de los ciegos, hacer andar a los paralíticos, sanar a los leprosos, resucitar a los muertos. Que lo habían visto radiante como el sol en su Transfiguración y ahora, con un amor inconmensurable, con una humildad sin límites les está lavando los pies.

Pedro está asustado, no acierta a comprender, pero ante las palabras de Jesús y con su vehemencia natural, le pide que le lave de los pies a la cabeza. Jesús va más alla.... está pensando en la humanidad y en esta humanidad estoy yo y falta poco para que no seamos lavados con agua, sino con su sangre que nos limpia y nos redime.

Jesús, entre los doce están los pies de aquel que te va a traicionar...y creo que tus manos tuvieron que temblar al lavar los pies de Judas. Acariciaste aquellos pies con amor y con tristeza y nos mandaste hacer eso mismo con nuestros semejantes, sin distinciones de este por que me cae bien o de este no por que me cae mal.

¡Que yo no olvide tu ejemplo y tu mandato, Señor! Que a todos los que me rodean en mi cotidiano vivir yo los acepte como son y tenga ante ellos esa postura de amor y de humildad que tú nos pides.

Y nuestra pobre mente no alcanza a comprender todo el profundo significado de este acto. Ya antes de morir te estás anonadando ante los hombres y después otra locura de ese amor que te abrasa el alma, que quema tu corazón por ello no quisiste dejarnos solos y poco después, haces del pan tu Cuerpo y del vino tu Sangre y te quedas para ser nuestro alimento.

Y ahora, presente en esa Hostia donde los ojos del que "se hizo hombre y habitó entre nosotros" nos miran con su infinito amor, le podemos decir eso que siempre espera...

Jesús Sacramentado, de rodillas te pedimos:

"Jesús, enséñame a quererte, como tú me quieres, enséñame a ver tu rostro en el rostro de mis semejantes, enséñame, Jesús a ser buena, a que tú seas el Eje de mi vida, esa vida que hoy pongo en tus manos, Señor, muy cerca de tu corazón y enséñame a acompañarte a Tí y a tu Santísima Madre con mi oración en todos los amargos tormentos de la ya muy cercana muerte de cruz" Amén.

Edita: Edelweiss