martes, 4 de agosto de 2009

VISITAS A CRISTO Y A LA VIRGEN


Ellos están ahí, cerca de tu puerta, con una sonrisa cada día, con amor cada hora, con las manos repletas de bendiciones para ti.

Las visitas a la Santísima Virgen y a Jesucristo, realizadas con fe y fervor, infunden no pocos ánimos. En tu ciudad viven, a unos pasos de tu calle; no cuesta gran cosa visitarles un minuto, darles los buenos días, pedirles una misericordia para la jornada.
Esas pequeñas visitas, esos pequeños momentos, robados a tu abultada agenda, inyectarán vigor a tu alma triste; ve a visitarles con más frecuencia, con más amor y menos prisa, que son los amigos de tu alma, los que ponen suavidad y eficacia en tus actividades febriles.
María Santísima y Jesús están ahí, cerca de tu puerta, con una sonrisa cada día, con amor cada hora, con las manos repletas de bendiciones para ti.
Jesús y María son dos antiguos amigos desaprovechados; siempre los tuviste, siempre los tendrás muy cerca de ti, a total disposición, con un amor que, si supieras... pero conocer es el arte que pocos aprenden; si conocieras quién es... suena a dulce reto.
Si el arte de vivir es amar y ser amado, ahí tienes dos amigos que siempre te han querido y a los que no has sabido amar. Una breve visita, un corto detenerse, un pequeño gesto de cariño, un mirar y ser mirado, un alargar la mano y dar la diaria limosnita de amor.



Edita: Edelweiss

domingo, 2 de agosto de 2009

SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES, 2 DE AGOSTO




La Basílica de Santa María de los Ángeles

La celebre Indulgencia de la Porciúncula que Francisco consiguió para la iglesia de Santa María en julio de 1216, atraía año tras año a decenas de miles de peregrinos, obligando a la apertura de tiendas y alojamientos. Ese es el origen de Santa María de los Ángeles, la pedanía más poblada de Asís, que se extiende en la llanura, a tres quilómetros de la ciudad, alrededor de la Basílica del mismo nombre.
La pequeña capilla de la Porciúncula se encuentra ahora bajo la cúpula la Basílica de Santa María de los Ángeles. En 1569, a fin de protegerla mejor, se derribaron las construcciones añadidas en los siglos anteriores y se empezó a edificar la gran Basílica, proyectada por Galeazzo Alessi. Todo ello se hizo en medio de desacuerdos y polémicas, pues algunos frailes no aceptaban la grandiosidad del proyecto ni la eliminación de los primitivos edificios. Las obras se terminaron en 1679. Un devastador terremoto en 1832 derrumbó la nave central y entre 1924 y 1930 se añadió la monumental fachada actual, rematada con una gigantesca estatua dorada de la Virgen de los Ángeles. La gran plaza que tiene delante es del año 1950.
Con sus 126 metros de longitud y los 75 de altura de la cúpula, la Basílica es uno de los mayores templos de la cristiandad. La nave principal y el presbiterio son de una austera sencillez, pero las grandes capillas laterales, costeadas por familias ricas de Asís, llaman la atención por su abundante decoración barroca. Lo que más atrae la atención, sin embargo, es la pequeña iglesia de la Porciúncula en medio del crucero, bajo la alta y luminosa cúpula, con sus puertas siempre abiertas para el recogimiento y la oración. En el interior hay restos de frescos posteriores a San Francisco, y una tabla o políptico pintada por Hilario de Viterbo en 1393, con la escena de la Anunciación y otras relativas a la Indulgencia. Un fresco del siglo XIX en la fachada representa la leyenda de las rosas.
Detrás de la Porciúncula, a la derecha, está la capilla del Tránsito, donde murió San Francisco el 3 de octubre de 1226. En las paredes del interior están representados sus primeros compañeros, y él mismo, reproducido en terracota por Andrea de la Robbia, Una leyenda de mal gusto asegura que allí están enterrados "el corazón y las entrañas" del Santo. Aparte de que nunca los han encontrado, hay que recordar que ya en el siglo XIII las autoridades asisanas salieron al paso de quienes aseguraban tener reliquias suyas, declarando que el cuerpo de San Francisco se conservaba "íntegro" en Asís, en lugar bien seguro, es decir, en la
Basílica de San Francisco.
Recientes excavaciones bajo el ábside sacaron a la luz la casa construida por el Comune para el capítulo general de 1221, que no agradó al Santo. El lugar es ahora una cripta o capilla, presidida por un políptico de terracota de Andrea de la Robbia.
Otra leyenda sin fundamento es la de las rosas sin espinas que crecen en el "Roseto", la rosaleda que fue huerto en tiempos de San Francisco. Tal creencia se basa en una leyenda del siglo XIV sobre la Indulgencia, llena de errores y de fenómenos prodigiosos, que nada tienen que ver con la historia verdadera (ver
Indulgencia de la Porciúncula). Al final del claustro está la Capilla de las Rosas, edificada sobre el lugar donde estuvo la celda de San Francisco. Desde aquí se puede visitar el antiguo convento observante, la Biblioteca y el museo del santuario, con algunas cosas interesantes, como el crucifijo de Giunta Pisano, un retrato de San Francisco de Cimabúe y otro del maestro de San Francisco.

Edita: Edelweiss



jueves, 30 de julio de 2009

LOS CAMINOS DE CRISTO



Elige un santo que te represente, con el que te sientas especialmente identificado, y ámalo. Conócelo, aprende sobre su vida, pídele su intercesión ante Dios.
Todos tenemos dentro una fuerza que nos lleva a Dios. Pero esa fuerza, misteriosa y poderosa, toca nuestras almas en los lugares donde más provecho se puede obtener para beneficio de nuestra propia salvación, creando el camino que nos abre a la gracia y a la luz. ¿Existe entonces un sólo camino para llegar a Jesús?. Si, y no. Si, porque el camino del amor es el único sendero que nos lleva al Reino. Angosto y empinado, ondulante y lleno de dificultades, pero luminoso y claro para quienes buscan hacer la Voluntad del Creador. Y también no, porque cada uno de nosotros tiene una esencia que le indica distintos modos de manifestar su espiritualidad.

De este modo vemos claramente que existen distintos tipos de espiritualidad, distintos modos de manifestar nuestro deseo de hacer la Voluntad de Dios. ¿Dónde podemos ver claramente manifestadas estas distintas espiritualidades, en su plena diversidad?. ¡En la vida de los santos!.
La espiritualidad de los que se aproximaron a la perfección que Dios nos pide, nuestros amados santos, se muestra variada e iridiscente. Como una joya que brilla en sus diversas tonalidades, pero siempre hermoso a los ojos de Dios. Rubíes, diamantes, amatistas, esmeraldas, zafiros. Todas estas distintas formas de manifestar la gloria de Dios nos muestran los caminos que se nos ofrecen como ejemplo a imitar. ¿Quién puede decir que el Padre Pío (¡San Pío!), o que Santa Rita, o Santa Teresita, o San Francisco, o el Santo Cura de Ars, o San Pablo son idénticos?. No lo son, y sin embargo todos ellos son hermosos y fascinantes a los ojos de los que los admiran en su santidad. Algunos impetuosos y llenos de fuerza evangelizadora, otros humildes y pequeños en su entrega a Dios, unos buenos y caritativos hasta el infinito, otros abnegados y entregados en su sufrimiento a los dolores que Dios les dio como misión de vida. Todos tienen puntos de comparación con algún aspecto de la vida de Cristo, pero ninguno es tan perfecto como el propio Hijo de Dios lo fue en Su vida de Hombre-Dios.
De este modo, podemos ver que las distintas espiritualidades que los santos nos han enseñado y nos enseñan (porque santos han habido siempre y los hay en nuestro tiempo), son espejos en los que cada uno de nosotros se puede buscar. Es muy importante encontrar cual es la espiritualidad que mejor se adapta a los dones que Dios nos ha dado, a la esencia de nuestra alma. Y si podemos amar al santo que representa esa espiritualidad, tendremos un punto de apoyo y un mapa que facilitará nuestro crecimiento en la fe y el amor. Ese santo representará la meta que debemos buscar, como camino de llegada a Cristo. Pero también es importante comprender y respetar la existencia de otras espiritualidades, otras formas de santidad que conviven en armonía en la gracia de Dios.

El Señor se adapta a nosotros, porque Su Amor es infinito. El es el amor, y en su inmensa caridad se amolda a nuestras necesidades y debilidades. Porque nuestras fortalezas (nuestras virtudes naturales) también acarrean nuestras debilidades. Si tuviéramos un balance perfecto entre todas las virtudes Divinas, seríamos como Cristo. Pero sólo El puede lograrlo.

Elige un santo que te represente, con el que te sientas especialmente identificado, y ámalo. Conócelo, aprende sobre su vida, pídele su intercesión ante Dios, no te apartes de el. Dios lo ha enviado para ayudarte y socorrerte cuando la tempestad del mundo te sacuda como una hoja en el viento. El es tu ancla, tu brújula y tu vela. Deja que su viento te lleve a tierras de paz espiritual y amor fraterno. Si lo haces bien, te encontrarás en el Reino con todas las demás espiritualidades, con todos los santos que han llegado a merecer contemplar la Luz del Rostro de Dios.
Edita: Edelweiss