sábado, 28 de junio de 2008

AÑO JUBILAR DE SAN PABLO

¿Qué es el Año Paulino?

Fuente: http://www.arquidiocesisdeleon.org/

Autor: Luis Alberto Navarro Franco

1.- La convocatoria El Papa Benedicto XVI convocó, durante la celebración litúrgica de la fiesta de San Pedro y San Pablo (29 de junio), un año jubilar dedicado al apóstol san Pablo, para recordar los dos mil años del nacimiento del apóstol de las gentes. La Basílica de san Pablo Extramuros, en Roma, fue testigo de la proclamación de tan importante acontecimiento. Esto sucedió durante las primeras vísperas de la solemnidad de los santos patronos de la ciudad eterna.

El apóstol de las gentes, profundamente comprometido a llevar la Buena Noticia a todos los pueblos, se entregó totalmente por la unidad y la concordia de todos los cristianos ». «Que él nos guíe y proteja en esta celebración de los dos mil años, ayudándonos a avanzar en la búsqueda humilde y sincera en la plena unidad de todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo», afirmó el Papa.

2.- Las razones En los primeros años de este nuevo milenio, contrario a nuestras esperanzas, el hombre parece hundirse, sin remedio, en un mundo donde el mal hace cada vez más ruido y daño, en un mundo donde el bien parece desaparecer y el mal multiplicarse por mil (guerras, injusticia, narcotráfico, inseguridad, desintegración familiar, etc.). Basta escuchar todos los días las noticias en los diferentes medios de comunicación para constatar que, después de siglos y siglos de historia, parece que estamos condenados irremediablemente a repetir los mismos errores, enzarzarnos en las mismas viejas peleas, dejarnos guiar por los más bajos instintos.

Una importante parte de la humanidad vive encerrada en su egoísmo, ignorando que la inmensa mayoría de la población mundial carece de los más elementales recursos para sobrevivir. El caminar de estos dos milenios parece dar la razón al pesimismo.

En este mundo y en este tiempo, el Papa con mayor insistencia nos invita a tener signos auténticos que nos den esperanza . Signos que nos muestren el rostro de Dios amoroso. Signos que nos inviten a seguir a su Hijo impulsados por el Espíritu. Estos signos nos plantean, en medio del mundo actual, grandes desafíos. Desafíos que, Por una parte provienen del laicismo dominante en nuestra sociedad; pero también se trata del desafío que tenemos los bautizados de ser, a pesar de las condiciones adversas, mejores cristianos. Ceder en nuestras convicciones, por las presiones de una parte influyente (aunque no siempre mayoritaria) de la sociedad, significaría la retirada; ignorarlo sería aún peor.
Para los católicos debe ser redescubrir a Pablo en su incansable apostolado, revivir los primeros tiempos de la Iglesia, profundizar en la enseñanza paulina a todos --«especialmente a los "gentiles"»--, revitalizar la fe y el papel de cada uno en la Iglesia. La Iglesia observa, cada vez más, que en medio de estas realidades tan Obviamente adversas a la religión miles de personas están repitiendo a su modo el maravilloso y sorprendente camino de Damasco.
Pablo es, en efecto, la encrucijada de muchos caminos que no son extraños a la realidad del hombre de nuestro tiempo. Dos razones podrían aducirse: en primer lugar, es la piedra angular entre cristianismo y judaísmo; y, segundo, es una figura que sirve de punto de confluencia de lo religioso y lo filosófico. Conceptos fundamentales de nuestra tradición, y que hoy están siendo repensados, como universalidad, singularidad, Ley o espíritu y que, a pesar de todo, siguen conformando el espacio político, económico, social y cultural de nuestro siglo y sus tensiones. En este sentido quisiera mencionar el diagnóstico realizado por Giorgio Agamben en un libro aún no traducido al castellano «Il tempo che resta», donde el filósofo italiano realiza una deslumbrante lectura de la «Epístola a los romanos» relacionando a Pablo con la posibilidad una nueva organización social orientada a escapar de la trampa del biopoder y de la conversión del ser humano en «homo sacer ». Algunos proyectos de sociedad nueva (como este) se apoyan, en mayor o menor medida, en el pensamiento de Pablo y giran fundamentalmente en torno al deseo de trocar la Ley por una nueva ética del Amor.
3.- Acontecimientos e iniciativas para el año de San Pablo El Año de San Pablo comenzará en Roma el 28 de junio de 2008 y concluirá el 29 de junio de 2009. Será como un pequeño Jubileo para recordar y celebrar el bimilenario del apóstol de las gentes. Con este motivo, la Iglesia católica está promoviendo un programa de acontecimientos extraordinarios en el ámbito del ecumenismo, liturgia, oración, arte, historia, arqueología, pastoral y peregrinaciones.

Benedicto XVI, primer peregrino del Año Paulino. Las peregrinaciones serán una constante del Año Paulino, empezando por el propio Papa, que será «el primer peregrino el 28 de junio de 2008 para abrir» este tiempo dedicado al Apóstol, «acompañado de representaciones de Iglesias y comunidades cristianas». La Puerta Santa [tapiada] de San Pablo Extramuros no se abrirá -dado que el evento no implica también a las demás basílicas y sus respectivas Puertas--; sí abrirá el Papa en cambio una «Puerta Paulina» --simétrica a la Puerta Santa--, iniciando así solemnemente las peregrinaciones.

Empezará a arder la «Llama Paulina». Además empezará a arder la «Llama Paulina», alimentada por los propios peregrinos todo el Año, si bien, se está estudiando la forma más conveniente de hacerlo.

Visitas a los lugares paulinos. Se programan visitas a los lugares paulinos, de Roma -donde se identifican doce-- o del mundo, por ejemplo Tierra Santa, Turquía o Malta. «Obra Romana de Peregrinaciones» se encargará de la organización de las rutas que necesiten reservas, transportes y alojamiento.

Un año pastoral, religioso, cultural. Celebraciones ordinarias y extraordinarias, encuentros de oración y el sacramento de la penitencia recorren el aspecto pastoral del Año Paulino en San Pablo Extramuros. De las cinco misas diarias, una será de peregrinos: a las 10.30 horas.

Semanalmente el rezo de Vísperas. Se prevé trasladar ese momento de oración al ábside de la Basílica e introducir una reflexión de cinco minutos tras una lectura breve sobre San Pablo. Hay disponibilidad en caso de que los grupos de peregrinos deseen proponer alguna forma específica para el rezo de Vísperas.

Por su parte, el programa religioso-cultural, aparte de la catequesis sobre textos de San Pablo, prevé conferencias, meditaciones, reflexiones teológicas y congresos. Al menos cinco veces en el año se celebrará un encuentro en tres partes: la primera, la reflexión de un experto paulino; la segunda, la lectura de escritos paulinos por parte de un actor conocido; la tercera, el testimonio también de un personaje célebre.

Otras citas son las que se celebran cada bienio desde los años ’70: se reúnen expertos biblistas de todas las confesiones cristianas en el llamado «Colloquium Paulinum», en septiembre. Se lee un pasaje paulino en torno a la tumba de San Pablo y luego tiene lugar una conferencia. Así será también en 2008.

Los eventos musicales también caracterizarán el año dedicado al Apóstol de las Gentes, como es el caso de la representación sacra musical titulada «El Hijo de Dios»; en ella, tiene un papel particular Saulo, quien descubre, como fariseo, a Israel como el hijo de Dios ya en el Antiguo Testamento, hasta encontrar al Hijo de Dios tras su conversión.

Todos los interesados podrán vivir el Año Paulino además desde el punto de vista cultural, artístico y editorial -explicó el arcipreste de San Pablo Extramuros- con exposiciones, visitas guiadas a la Basílica y emisiones filatélicas. Se acuñará una medalla del bimilenario; por su parte la Ciudad del Vaticano también emitirá, en conmemoración del Año Paulino, un sello y acuñará una moneda de dos euros.

Para promover el conocimiento de san Pablo, se está contactando a algunas casas editoriales para la publicación de algunos libros dedicados a los niños y una nueva edición de las Cartas del Apóstol de las Gentes y de los Hechos de los Apóstoles.

Los monjes benedictinos prepararán la «Lectio Divina» sobre los 87 capítulos de las Cartas de san Pablo.

El Año Paulino puede dar ocasión igualmente para el diálogo con el pueblo judío. Se hizo la invitación al rabino jefe de Roma para la apertura. Pero no será posible porque es sábado. En cualquier caso, no se excluye su presencia en otros momentos, siempre que no sea propiamente dentro de la Basílica, pues este aspecto es ajeno a su tradición. Se está pensando en un encuentro de carácter cultural probablemente en la Universidad Gregoriana entre grupos de católicos y de judíos para hablar de "Saulo-Pablo", antes y después de su conversión.

viernes, 20 de junio de 2008

SÓLO DIOS PUEDE COLMAR LA SED ESPIRITUAL DEL HOMBRE (BENEDICTO XVI

Sólo Dios puede colmar la sed espiritual del hombre, advierte el Papa.
En su visita a una parroquia romana y en el Ángelus dominical en el Vaticano.
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 24 febrero 2008 .- Igual que existe una sed física de agua indispensable para vivir en la tierra, «existe también en el hombre una sed espiritual que sólo Dios puede colmar», advierte Benedicto XVI.
El Evangelio de este domingo, sobre el diálogo de Jesús con la samaritana en el pozo de Sicar, permitió al Papa mostrar el efecto de la palabra de Dios, aprovechando la visita que hizo a la parroquia romana de Santa María Liberadora en Monte Testaccio y el posterior rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, en el Vaticano.
El centenario de la consagración de la actual iglesia -encomendada a los salesianos, recibió la visita de Pablo VI en 1966 y Juan Pablo II en 1979- fue el marco de la Eucaristía que presidió en ella Benedicto XVI, acogido calurosamente por una comunidad joven y vital.
«En el diálogo entre Jesús y la samaritana vemos trazado el itinerario espiritual de cada uno de nosotros», dijo el Papa en su homilía.
La sed espiritual que existe en el hombre, «que sólo Dios puede colmar», «se trasluce claramente» en aquel diálogo, en el que Jesús pide a la samaritana: «Dame de beber», una petición con la que «en realidad [Él] pone en marcha en su interlocutora un camino interior que hace brotar en ella el deseo de algo más profundo», desgranó el Santo Padre.
En efecto, en cierto momento «es la propia mujer la que le pide agua a Jesús --siguió--, manifestando que en toda persona existe una necesidad innata de Dios y de la salvación que sólo Él puede brindar».
Se trata de «una sed de infinito que sólo se puede saciar con el agua que Jesús ofrece, el agua viva del Espíritu», recalcó.
E igual que ocurrió con la samaritana, «Jesús quiere llevarnos a profesar nuestra fe en Él con fuerza, para que podamos nosotros después anunciar y testimoniar a nuestros hermanos la alegría del encuentro con Él y las maravillas que su amor realiza en nuestra existencia» --recordó el Santo Padre--, porque «la fe nace del encuentro con Jesús, reconocido y acogido» como el Salvador.
Momentos después, en el rezo del Ángelus, de regreso al Vaticano, el Papa exhortó a los fieles y peregrinos: «Abramos también nosotros el corazón a la escucha confiada de la palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a Jesús que nos revela su amor y nos dice: el Mesías, tu salvador, "soy yo, el que te está hablando"(Jn 4,26)».
Cuando Jesús manifiesta su sed, ésta «es una puerta de entrada al misterio de Dios», quien «tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor», quien «como un padre bueno y misericordioso desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es Él mismo», observó Benedicto XVI.
E indicó en la mujer de Samaría el ejemplo de «insatisfacción existencial de quien no ha encontrado lo que busca».
De hecho, antes de despedirse de la parroquia en Monte Testaccio, en un breve encuentro festivo con los fieles -en el salón de actos parroquial--, el Papa volvió, espontáneamente, al tema de la samaritana, «una representación del hombre moderno, de la vida moderna».
«Ha tenido cinco maridos; ahora vive con otro. Se ve que hace amplio uso de su libertad y sin embargo no es más libre, sino que está más vacía», constató.
Pero es «conmovedor --reconoció-- que en esta mujer, en el momento en que Cristo le habla, se ve en lo profundo de su corazón que hay un interrogante: ¿Existe Dios?».
E insistió en el salto evangelizador que sigue al encuentro con Cristo. «Dando la fe también nosotros crecemos en la fe --aclaró-- y podemos entender y vivir que esta fe es el agua que necesitamos para vivir».
Además hizo hincapié en que «a partir del encuentro con Cristo, nace la alegría»; por eso «la verdadera santidad es alegre».
Y admitió que le había impresionado, del saludo que le dirigió el párroco don Manfredo Leone -en el inicio de la Eucaristía--, su afirmación: «Tenemos más futuro que pasado». «Esto es la verdad de nuestra Iglesia, que siempre tiene más futuro que pasado, y por eso con valor seguimos adelante», afirmó el Papa.
Una misión parroquial es el proyecto inmediato de Santa María Liberadora para reevangelizar el Testaccio, pero también, como dijo su párroco a Benedicto XVI, «seguir haciendo de la parroquia una familia de familias».
En el horizonte de la comunidad siempre está «el anuncio de que Jesús es el Señor», prestando «especial atención a las familias y a los jóvenes, en fidelidad al carisma de san Juan Bosco». «Gran ayuda para ello -admitió don Manfredo Leone- es la carta del Papa sobre la educación», difundida ampliamente este último mes.
De hecho, el sábado, en la Plaza de San Pedro, Benedicto XVI hizo entrega de esta
«Carta sobre la tarea urgente de la educación» a la diócesis de Roma, representada en más de cincuenta mil fieles.
Por Marta Lago


sábado, 14 de junio de 2008

BENEDICTO XVI: JUAN PABLO II Y SANTA FAUSTINA KOWALSKA, APÓSTOLES DE LA DIVINA MISERICORDIA




Benedicto XVI: Juan Pablo II y Faustina Kowalska, apóstoles de la Divina MisericordiaIntervención con motivo del Regina Caeli.
CASTEL GANDOLFO, domingo, 30 marzo 2008 - Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este domingo al rezar la oración mariana del Regina Caeli junto a miles de peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.


* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Durante el Jubileo del año 2000, el querido siervo de Dios Juan Pablo II estableció que en toda la Iglesia el domingo después de Pascua, además de domingo in Albis, fuera denominado domingo de la Divina Misericordia. Lo hizo en concomitancia con la canonización de Faustina Kowalska, humilde religiosa polaca, nacida en 1905 y fallecida en 1938, celosa mensajera de Jesús misericordioso.
La misericordia es en realidad el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios, el rostro con el que Él se ha revelado en la antigua Alianza y plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y redentor. Este amor de misericordia ilumina también el rostro de la Iglesia, y se manifiesta ya sea a través de los sacramentos, en particular el de la Reconciliación, ya sea con obras de caridad, comunitarias e individuales.
Todo lo que dice y hace la Iglesia manifiesta la misericordia que Dios siente por el hombre. Cuando la Iglesia tiene que recordar una verdad descuidada, o un bien traicionado, lo hace siempre movida por el amor misericordioso, para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia (Cf. Juan 10, 10). De la misericordia divina, que pacifica los corazones, surge, además, la auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos, culturas y religiones.
Al igual que sor Faustina, Juan Pablo II se convirtió a su vez en apóstol de la Divina Misericordia. En la noche del inolvidable sábado 2 de abril de 20005, cuando cerró los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos observaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana --primer sábado del mes-- y la de la Divina Misericordia.
De hecho, su largo y multiforme pontificado encuentra aquí su núcleo central; toda su misión al servicio de la verdad sobre Dios y sobre el hombre y de la paz en el mundo se resume en este anuncio, como él mismo dijo en Cracovia-Lagiewniki en 2002, al inaugurar el gran Santuario de la Divina Misericordia: «Fuera de la misericordia de Dios no hay otra fuete de esperanza para los seres humanos». Su mensaje, como el de santa Faustina, presenta el rostro de Cristo, revelación suprema de la Misericordia de Dios. Contemplar constantemente ese Rostro: esta es la herencia que nos ha dejado, que acogemos con alegría y hacemos nuestra.
Sobre la Divina Misericordia se reflexionará de manera especial en los próximos días, con motivo del primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, que tendrá lugar en Roma y se inaugurará con la santa misa que, si Dios quiere, presidiré en la mañana del miércoles 2 de abril en el tercer aniversario del fallecimiento del siervo de Dios, Juan Pablo II. Pongamos el Congreso bajo la celestial protección de María santísima, Mater Misericordiae. Le encomendamos la gran causa de la paz en el mundo para que la Misericordia de Dios realice lo que es imposible hacer únicamente con las fuerzas humanas, e infunda la valentía del diálogo y de la reconciliación.
[Al final de la oración mariana el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano dijo:]
Ante todo, dirijo un cordial saludo a los numerosos peregrinos que en este momento están reunidos en la plaza de San Pedro, de manera especial a quienes han participado en la santa misa celebrada en la iglesia del Espíritu Santo de Saxia por el cardenal Tarcisio Bertone, con motivo de la fiesta de la Divina Misericordia. Queridos hermanos y hermanas: que la intercesión de santa Faustina y del siervo de Dios Juan Pablo II os ayuden a ser auténticos testigos del amor misericordioso. Como ejemplo a imitar, me complace indicar hoy a la madre Celestina Donati, fundadora de la Congregación de las Hijas Pobres de San José de Calasanz, que será proclamada beata hoy en Florencia.
[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. Queridos hermanos: En este domingo dedicado a la Divina Misericordia, agradezcamos a Dios Padre el amor que nos ha manifestado en la muerte y resurrección de su propio Hijo, y pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que sepamos reconocer en Cristo resucitado la fuente de la esperanza y de la alegría verdadera. Feliz domingo.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina