martes, 8 de septiembre de 2009

INVITACIÓN AL CUMPLEAÑOS DE MARÍA SANTÍSIMA


Feliz cumpleaños, Madre querida, te abraza tu hija, la que muchas veces te dejó esperando... la que buscaba la paz y la felicidad por otros caminos.

Los pájaros cantan desde los árboles más altos. Las flores se abalanzan sobre el aire saturándolo de aromas simples. El cielo abraza al mundo en un horizonte no tan lejano. ¿Por qué me parece que la naturaleza es un grito silencioso de esperanzas nuevas?

+ Porque es el cumpleaños de María Santísima- recuerda a mi alma la voz fuerte y serena del Ángel Gabriel.

- ¡Ay! Torpe de mí, que lo he olvidado- y es otro olvido que se suma a tantos... Éstos son los olvidos que van poniendo gris el alma.

+ No desesperes, amiga- Sonríe Gabriel, para que recuerde que la misericordia de Dios me envuelve y protege cuando más la imploro.- No desesperes, pues aún tienes tiempo de llegar a la gran fiesta.

- ¿Fiesta?¿Acaso en la parroquia....?

+ No te hablo de esas fiestas, sino de la que el Espíritu Santo prepara cada año para su fidelísima esposa.

- ¡Ah! Pero, amigo ¿Cómo voy yo a asistir a semejante fiesta? No, no soy digna...

Gabriel queda en silencio. Busca palabras y gestos para llegar a mi corazón.

+ Verás. El cumpleaños de María es, en el Reino Celestial, una muy hermosa fiesta. Todos los ángeles suspiramos de amor por el nacimiento de la Llena de Gracia. Todos los jardines eternos se inundan de canto: ¡Salve, Salve María!. La Santísima Trinidad se dispone a regalarle lo que más desea su corazón de Madre: Una gran mesa rodeada de todos sus hijos, precedida por Jesús... Y cuando digo “todos” significa “todos”.

- O sea que... yo...¿Podría asistir?

+ Claro que sí. Tu Madre te espera. No estaría completa sin ti. No estará completa si falta solo uno de sus hijos.

- Y ¿ Cómo llego?¿Cuál es el camino?.

+ El camino, amiga, parte de tu corazón. Nace de un sincero deseo de acercarse a Ella. Recuerda que puede ver tu corazón y conoce tus intenciones.

- Gracias, amigo. Pediré al Señor aumente mi fe y mi amor y me dé la gracia necesaria para desear estar siempre en la preciosa compañía de mi Madre. Pero aún no comprendo cómo llegaré al banquete, ni cómo he de ir presentada, ni cuáles regalos puedo llevar.

+ Es muy importante tu pregunta, por lo que la responderé por partes. Primero me preguntas dónde. Mira, la mejor de las madres jamás se aparta del mejor de los hijos. ¿Dónde hallas al Hijo?

- Pues.. en la Eucaristía. ¡Claro! Allí es el banquete. ¡La Santa Misa! ¡La tenía tan cerca y no me daba cuenta!. Entonces.. compartiremos los hermanos “el manjar más codiciado, este pan angelical” como dice esa canción que tanto me gusta. Gracias amigo por ayudarme a comprender.

+ También me preguntabas acerca de cómo ir presentada. Es un punto muy importante. ¿Cómo irá tu alma al banquete? Recuerda que el mismo Jesús te espera en el confesionario. Allí serás preparada adecuadamente para tan precioso momento. En cuanto a los presentes que puedes llevar a tu Madre ¿Cuál crees que le agradará más?
Me quedo en silencio. El mejor presente para María bien lo conozco. Pero temo no tenerlo en buenas condiciones.

- Creo, Gabriel, que el mejor regalo para ella es darle mi corazón, mi vida, todo mi ser, para que ella me conduzca a los brazos de su Hijo.

+ Así es... Mas no olvides que tu corazón debe ir acompañado constantemente de la oración, una oración que es un diálogo hermoso con “quien sabes que te ama”, como bien ha conocido Santa Teresa. Así, te acercarás a ella con el alma plena de agradecimiento. Cuánto más sincero sea tu agradecimiento más pronto llegará a su Inmaculado Corazón. Después, ofrécele tu corazón así como está. Con llagas y dolores, con tristezas y preguntas, con la sencilla alegría de tus días. Ella lo tomará gustosa, lo protegerá con sus delicadas manos y, con sus besos purísimos, curará todas sus llagas.

+ Luego… luego dile cuánto la amas. Díselo por todas las veces que no se lo dijiste. Díselo por todos los que no pudieron decírselo. Díselo también por todos los que no supieron. Ella se alegrará y sentirás su abrazo en las profundidades de tu alma. Más, no te inquietes si pasea su mirada por los bancos vacíos de la Parroquia. Quédate en silencio junto a Ella, para hacerle compañía. Seguro te contará que, en su fiesta soñada, cada hijo estaría en su banco... en el sitio que Ella le ha cuidado amorosamente.

+ Te dirá que los espera todos los días, que les ve caminar por la vida entre alegrías y tristezas, soledades y compañía, certezas y dudas. María quisiera decirles cuánto les ama, por eso les esperará siempre junto a los bancos vacíos.


El ángel Gabriel y yo nos quedamos en silencio un rato. El corazón nos viaja por el mundo contemplando los sitios que quedan vacíos en tantas misas. No soy juez de nadie, pues ni siquiera puedo recordar los motivos por los que, mi propio sitio, muchísimas veces estuvo vacío. Sé que, en cada lugar vacío hay un dolor, una soledad, una distancia...

Gabriel se va alejando entre las flores y los naranjos del patio de mi casa. Me queda en el alma el recuerdo de este momento. De su invitación al cumpleaños de María.
Tomo papel y lápiz. Transformo en letras los sentimientos que me desbordan el corazón.

Te dejo este relato, María querida, como un regalo más en tu cumpleaños. También lo mandaré a mis amigos, quizás le llegue al del banco vacío, como un simple recordatorio de que hay un lugar en el mundo que tiene su nombre, que no puede ser ocupado más que por él. Un lugar en el que le espera su Madre Celestial para abrazarle, consolarle y amarle, como nadie lo ha hecho jamás.

Feliz cumpleaños, Madre querida, te abraza tu hija, la que muchas veces te dejó esperando... la que buscaba la paz y la felicidad por otros caminos. La que no sabía que tu tenías mil regalos perfumados, esperándola, en silencio, junto a un banco vacío.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO



«Effetah» es el nombre que lleva en Tánger una escuela de educación especial para niños sordomudos. «Effetah» fue la palabra que Jesús pronunció antes de que al sordo “se le abriesen los oídos y se le soltase la traba de la lengua”. Y ése es el nombre que lleva en la celebración del bautismo cristiano un rito que recuerda y actualiza lo que Jesús hizo cuando curó a aquel sordo tartamudo; aquel día, el celebrante, tocando con el dedo pulgar tus oídos y tu boca, dijo: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre”. «Effetah» es palabra clave en la liturgia de este domingo; palabra que el Señor pronuncia hoy para todos, y que tiene para cada uno de nosotros una resonancia personal.
Intuyes que ésa, ¡«Effetah»!, fue la palabra que dijo el Señor cuando el mar se abrió para el paso de los esclavos hacia la libertad. Tu voz, o Dios, resonó en el desierto: ¡«Effetah»!, para que el cielo diese su pan y la roca diese su agua. ¡«Effetah»!, dijiste, y abriste como un cuchillo las aguas del Jordán, que se hicieron puerta por la que entraron tus hijos a la tierra de tus promesas.
¡«Effetah»!, dijo Dios, y se abrieron los cielos sobre el bautismo de Jesús y sobre la humildad de tu bautismo; y se abrió el paraíso sobre la cruz de Jesús, y el paraíso quedó a merced de los ladrones; y se abrieron los sepulcros, y a la muerte se le huyeron los vencidos.
No digas ya: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán”, porque la palabra se ha cumplido, la profecía ya es evangelio, la promesa se ha hecho realidad, y ahora, con Cristo el Señor, en comunión con Cristo resucitado, tú que estabas muerto, ves y oyes y entras con él por las puertas abiertas de Dios.
“Alaba, alma mía, al Señor”.
+ Fr. Santiago Agrelo Martínez
Arzobispo de Tánger

Edita: Edelweiss

miércoles, 2 de septiembre de 2009

APRENDIENDO A SER HERMANA ENTRE LAS HERMANAS


...”No pierdas de vista lo que te has propuesto;
Ten siempre presente ante los ojos el punto de
partida; conserva lo que has conseguido,
lo que haces, hazlo bien; no te detengas,
sino más bien avanza confiada y gozosamente
por la ruta de la bienaventuranza”... (CL 2 cta. 11-12)

No perder de vista el horizonte de la felicidad: JESUCRISTO , con la mirada puesta de un empezar en el ahora es palabra clave en este nuevo reemprender de mi vida por el camino del seguimiento, nada fácil, pero gozosa de la ruta de la bienaventuranza.

Sábado, 20 de Junio, 12 de la mañana. Fecha sellada por la Profesión Solemne en mi entrega al Señor con alma, corazón y vida, como bien se me ha dicho al comienza de la celebración.

Estas son pinceladas que resuenan de manera especial por mi memoria de la homilía de mi profesión, en la que se me recordaba que, he sido llamada a vivir en “FRATERNIDAD”, una fraternidad que me recibe con los brazos abiertos y el calor de un hogar, en la comunión de vida como pertenencia a la fraternidad. Aprendiendo en el día a día, a ser “HERMANA DE LAS HERMANAS”, desde la apertura, posibilitándome a salir del estrecho marco de mi propia vida a través de la dimensión contemplativa.

Son características vitales y signos visibles de credibilidad de la acogida y de la aceptación mutuas, en la que también se me decía, que estoy llamada a vivir mi vocación con calidad significativa, desde la alegría, la sencillez y la ternura, como hermana e hija de San Francisco y de Santa Clara, pero sin olvidar que esto sólo puede ser posible desde el continuo nacimiento del Espíritu Santo.

Retomando un poco meses atrás hasta el 20 de junio, fueron días de espera desde la tranquilidad y la serenidad. Con mucho más tiempo dedicado en lo personal. Ya próxima a la fecha indicada, la dedicación y el interés de los preparativos tanto en lo personal y del resto de mis hermanas de esta fraternidad, despertaban en mí una paz y una alegría de que llegase ya aquel día y que se terminase de una vez. Todo era fruto de los nervios; me era inevitable las diferentes imágenes que venían en mi recuerdo del pasado y del presente, despertando en mí una cierta nostalgia y a la vez, abriéndome paso a que realmente tengo una gran familia en la que mi vida tiene que consumirse en el aquí y ahora.

A mi corto trayecto de vida, pude experimentar que la vida es un don, un regalo, el mejor regalo de Dios, pero que también es un mar de lágrimas, marcados por el dolor y el sufrimiento, que hace posible el sentido de mi existencia; gracias a ello, me posibilita a abrir mi corazón desde mi propia experiencia hacia el encuentro de los demás. Todo forma parte de la vida; de allí surge mi pregunta: ¿Cómo debo vivirlo? Sólo queda decir que, la luz del Espíritu Santo mantenga mi mente despierta y mi corazón abierto a la buena nueva, y así mis palabras de gratitud al Señor porque en ese día me sentí muy acompañada con gestos de cercanía: por la gran familia cristiana que es su Iglesia, sacerdotes, amigos y conocidos de Zafra, contando de manera especial con la presencia física y espiritual de todas las hermanas de la federación y de los hermanos franciscanos.

Para mi ha sido un día inolvidable el poder compartir esos momentos fraternos, fecha que no llegará a borrar nunca el paso del tiempo.

Oremos las unas por las otras.

Un fuerte abrazo y el mejor recuerdo de vuestra hermana.

Sor Mª Clara Orosco Pardo


Edita: Edelweiss